Juan Gaeta, un dentista en el siglo XVIII en la Nueva España

Juan Gaeta, un dentista en el siglo XVIII en la Nueva España

Juan Gaeta, a dentist in the eighteenth century in New Spain

Victoria Vanessa Rocha Garfias

Cirujano Dentista por la Facultad de Estudios Superiores Iztacala, Universidad Nacional Autónoma de México. Doctora en ciencias por la Universidad Nacional Autónoma de México.

Resumen

En el presente artículo se muestra el caso de Juan Gaeta, un Cirujano Dentista italiano que arriba a la Nueva España en el siglo XVIII junto con su esposa. Juan logara ejercer su oficio en la metrópoli pese a que el sector de la salud bucodental, en aquella época, estaba dominado por lo flebotomianos y barberos. Gracias a los documentos del Archivo General de la Nación y algunas fuentes hemerográficas en las que se hace mención a este inusual personaje, podemos conocer las peripecias que afrontó quizás, uno de los primeros cirujanos dentistas del que hoy se tiene conocimiento, en arribar y ejercer con ese título, en territorio novohispano.

Palabras clave: Cirujano, dentista, Siglo XVIII, Nueva España.

Abstract

This article shows the case of Juan Gaeta, an Italian Dental Surgeon who came to New Spain in the eighteenth century together with his wife. Juan was able to practice his profession in the metropolis, despite the fact that the oral health sector, at that time, was dominated by phlebotomians and barbers. Thanks to the documents of the General Archive of the Nation and some hemerographic sources in which mention is made of this unusual character, we can know the vicissitudes that perhaps faced, one of the first dentists surgeons of which we have knowledge today, in arriving and exercising with that title, in New Spain territory.

Keywords: Surgeon, Dentist, Eighteen century, New Spain.

Introducción

Desde el arribo de los españoles a tierras aztecas los barberos y flebotomianos fueron los protagonistas en la escena de atención bucal lo que eliminó por completo las prácticas que llevaban a cabo los nativos mexicanos e impusieron sus técnicas y conocimientos durante más de tres siglos.

Es por ello que localizar a un dentista en el siglo XVIII en el territorio de la Nueva España resulta un tanto extraño ya que, como lo he mencionado los flebotomianos y barberos fueron los encargados de atender a la población hasta que los dentistas extranjeros comenzaron a arribar masivamente en el siglo XIX con conocimientos y materiales innovadores que poco a poco los desplazaron

En otros países de Europa, principalmente en Francia, comenzaron a atender los problemas bucales de la población unas personas especialistas en la boca llamados: Cirujanos dentistas, quienes gracias a la iniciativa de Pierre Fauchard, un cirujano militar interesado en conocer, sintetizar y renovar el conocimiento, hasta ese momento, en torno a la cavidad oral se consideraron como los nuevos expertos en la atención dental.

En 1723 Fauchard completó su obra magna: Le chirurgien dentiste ou traité des dents (El cirujano dentista o tratado sobre los dientes), que no se publicó sino hasta cinco años más tarde. Este libro, de 863 páginas en dos pequeños volúmenes, resultó toda una autoridad en su campo durante el siguiente siglo y marcó el comienzo de una nueva era en el trabajo dental.

A partir de esta obra se le ha considerado el padre de la Odontología moderna, al escribir sobre diversos temas poco atendidos en la época como: la caries dental, sus causas, prevención y tratamiento, y explicar su sistema para remover y obturar, ya fuese con estaño o plomo. Rechazó la teoría del gusano dental, bajo el argumento de que él nunca había visto tales gusanos y creía, más bien, que la caries era el resultado de una alteración en el equilibrio humoral. Además, cambió las tiendas y barberías por el gabinete dental que constituyó un espacio con una nueva imagen e insistió en el hecho de que el paciente debía sentase en un sillón sólido, firme, adecuado y confortable, cuyo respaldo debía de ser de pelo de caballo o tener una almohada blanda más o menos levantada, según la estatura de la persona.

Así fue como los dentistas comenzaron a figurar en la escena de la atención dental en Europa, lugar en el que se gestaron los conocimientos de la nueva disciplina conocida como “dentistería” que sustituyó el trabajo de los maestros flebotomianos al ser una actividad menos dolorosas y mutilante en comparación con los ofrecidos por estos últimos.

Un dentista napolitano en la Nueva España

Al respecto del trabajo realizado por los dentistas en Europa durante el siglo XVIII, Paula de Demerson menciona, en la revista Asclepio, que el 19 de marzo de 1737 en la Gaceta de Madrid se podía leer el anuncio de Pedro Gay, el cirujano dentista de Felipe V.

Tiene una larga experiencia adquirida en París. Sabe quitar la toba o piedra de los dientes que lima y emploma, asimismo saca muelas y raigones y asiste a los pobres de balde. Pone dientes postizos tan perfectos que es imposible conocerlos y hace cajas postizas que no solamente sirven para la vista, sino también para la masticación. Además iguala los dientes torcidos o deformes, fortalece las encías y cura los males de la boca.

De igual forma menciona la existencia de un dentista de origen italiano llamado Juan Bautista Grimaldi Francolino quien anuncia su arribo a España en diciembre de 1739, proveniente de Holanda y Portugal, haciendo gala de haber servido al rey de Polonia.

Juan Bautista por su parte se anuncia en la misma Gaceta de Madrid y dice que “únicamente estará algunos meses en España para poder seguir su camino hacia Nápoles”.

En la Nueva España, durante el siglo XVIII el tipo de atención bucal preponderante fue la ofrecida por los barberos y/o flebotomianos, pese a ello un cirujano dentistas, que llevaban varios años formándose en Europa, llegó a la metrópoli dándose a conocer por medio de la prensa en la que ofrecía sus servicios:

Juan Gaeta, dentista, vive arriba de la botica del portal de Santo Domingo.

Es en el Archivo General de la Nación, en el grupo documental del Protomedicato, que se localiza un expediente dedicado a este peculiar personaje que brindó atención bucal en una época en la que era común asistir a la tienda de algún flebotomiano para aliviar los dolores dentales.

Juan Gaeta, era un dentista natural de la ciudad de Salerno, Italia, que arribó a Nueva España proveniente de Santa Fe, Bogotá. Llegó con las respectivas licencias de los jefes de mar y tierra así como con la aprobación del Protomedicato para practicar el oficio de dentista que había ejercido en los reinos tanto de España como de Portugal, gracias a estas acreditaciones se le concedió licencia para que pudiese ejercer “en todo este reino su arte”.

En el mismo expediente, se cuenta con el juramento de fidelidad que solían realizar para que no quedase duda de que llevarían a cabo las tareas para las que se les había acreditado al seguir las normas dictadas. Dicho juramento dice lo siguiente:

Don Juan Gaeta de nacionalidad Italiano, soltero e impuesto del fin a que se dirige su comparecencia personal juró conforme a derecho ante mí, el escribano de Su Majestad, que lo hizo por Dios Nuestro Señor y una Señal de Cruz de ser fiel, legal y guardar lealtad a nuestro católico monarca Don Carlos cuarto (que Dios guarde) sin contravenir a sus leyes, pragmáticas, cédulas y órdenes reales que guardará y observará como leal vasallo y particularmente en esta capital donde se halla residiendo, quiere voluntariamente permanecer como uno de sus habitantes observando lo mismo que estos observan, sin contravenir en lo más mínimo so pena, que si al contrario hiciere por el mero hecho quedara en las penas que se hallan establecida contra los contraventores de una promesa que como la presente les aseguro de ser inquietados y molestados a efecto de que dejen libres pues con siguiente a ellas quedan[…]

Santa Fe Bogotá a ocho de agosto de 1793

No se sabe exactamente en qué fecha arriba Juan Gaeta a Nueva España, pudo ser a finales de 1793 o principios de 1794 ya que como puede leerse en el juramento que presenta éste llega como soltero y contráe matrimonio “en el mes de julio del año 1794 con Doña María de la Encarnación Juárez previas todas las formalidades de derecho nupcial.”

Fue en enero del año 1796 cuando se le concedió a Don Juan Gaeta y a Doña María la licencia por tres meses para poder residir en la Nueva España, porque su esposa había sufrido un accidente en el que “le sobrevino un mal parto” por el que quedó enferma permanentemente, permitiéndole por esta razón se quedara en este territorio para su restablecimiento. Además de solicitar la alojamiento en territorio novohispano, Juan Gaeta pidió se le dejara trabajar como dentista ya que, las pocas alhajas con las que contaba, las había gastado en las medicinas para doña María de la Encarnación, por ello, suplicó se le permitiera ejecutar su profesión para así poder volver a su lugar de origen en cuanto la salud de su esposa se restituyera.

En junio del mismo año estando próximo el vencimiento de la licencia por tres meses, Juan Gaeta pide que se le extienda el consentimiento correspondiente para continuar residiendo en la Nueva España por seis meses más, dado que su esposa continuaba sin restablecerse por completo. Considerando lo anterior, el dentista recibe una nueva anuencia, pero esta vez, se le hace hincapié en que será, únicamente, por otros tres meses para que su mujer sane y pueda regresar a Veracruz y desde allí a España.

Una vez conseguida la aprobación para ser habitante legal novohispano, el dentista napolitano comenzó a trabajar y para darse a conocer, como ya se mencionó líneas anteriores, publicó un anuncio en La Gaceta de México el 28 de diciembre de 1796 en el que expone las múltiples tareas que realizaba para beneficio de los habitantes novohispanos. La mención dice lo siguiente:

Juan Gaeta, Dentista examinado en varias Cortes de la Europa, á llegado a esta capital y se ofrece a sacar muelas y dientes con la mayor prontitud, tanto que apenas sientan dolor los pacientes: también ofrece ponerlos fingidos, sin que se conozca ser falsos y de modo que se pueda comer con ellos como si fueran naturales, igualmente promete forrar los picados y que no quieran sacarlos y limpiar los sucios, tanto que queden como marfil. Vive arriba de la botica del portal de Santo Domingo y allí expende unos polvos para mitigar el dolor de muelas.

Podrían resultar poco relevantes las operaciones anunciadas por el dentista Juan Gaeta porque, en varios de los libros de la época ya se hablaba de realizar algunos de esos procedimientos, pero, los flebotomianos y barberos enfocaron su actividad a la extracción y si acaso a la limpieza de los dientes.

Además, el ejercicio de los dentistas en aquellos años estaba fuera de la normatividad en la Nueva España siendo incluidos hasta septiembre de 1854, fecha en que se dividieron formalmente las tareas realizadas por los flebotomianos y los dentistas, respectivamente.

Para el año de 1797 se publica otro anuncio de Juan Gaeta en La Gaceta de México, ofreciendo además de los polvos para mitigar los dolores de muelas, una opiata para librar las encías de infecciones escorbúticas.

Algunos meses posteriores a la publicación de éste anuncio, el dentista Gaeta presenta por tercera vez una solicitud para poder seguir viviendo en la Nueva España, esta vez la petición la efectúa por seis meses, reiterando que se mantenía varado en estas tierras, sin poder volver a su lugar de origen a casusa de la “quebrantada salud” de su esposa que, incluso, había puesto en peligro su vida.

Como argumento para que se le concediera lo solicitado, Juan Gaeta manifestó no ejercer una profesión mecánica ni inútil al reino que, era el motivo por el cual la ley lo obligaría a regresar a España dado que: “la principal causa consiste en purgar a la república de personas que no convienen y conservar a las que fueren útiles y necesarias, guardando la integridad de nuestra fe católica”. Asimismo, afirmaba era el único en su facultad en este territorio, agregando que: “…[su] conducta es notoria en esta ciudad, como en los demás lugares en que he residido y estando casado en el reino, tengo las cualidades que el Srio. municipal requiere para poderme mantener en él, siempre que sea en mi ejercicio.” Termina su petición insistiendo se le concediera la aprobación para poder establecerse en “las Américas”.

Después de exponer la documentación apropiada que daba fe de todo lo referido en sus cartas, lo único que debía hacer el dentista napolitano era esperar la respuesta de las autoridades para continuar con su ejercicio en el territorio o volver a su sitio de origen con Doña María de la Encarnación.

La carta con la repuesta a las suplicas del dentista llegó con fecha 27 de diciembre de 1797, en ella, se le concede un nuevo permiso para que tanto Juan Gaeta como su esposa residieran en esta ciudad. No obstante, el mensaje llegó demasiado tarde ya que, un mes antes de la recepción de dicha carta, el 8 de noviembre de 1797, el dentista Juan Gaeta, de nacionalidad italiana, había fallecido, quedando sólo su viuda.

Conclusiones

Si bien, el paso de Juan Gaeta en la Nueva España fue breve no por eso deja de ser relevante en la conformación de la historia de la Odontología mexicana, al sentar un precedente hasta el momento ignorado, el que la “dentistería” no arriba a nuestro país hasta el siglo XIX como se ha pensado, sino que fue con antelación que ésta llega a México, quizá no tuvo el reconocimiento que si recibió en el siglo XIX cuando los cirujanos dentistas proliferaron y se apoderaron de la atención dental, pero es cierto que el contacto con dentistas y sus conocimientos  no estuvo segregado para la población novohispana, lo que permite vislumbrar un nuevo enfoque histórico de lo que hasta hoy conocemos en torno a la formación de nuestra profesión en el país.

Referencias bibliográficas

Guzmán Bravo, Enrique. “Pierre Fauchard”. Revista Mexicana de Odontología Clínica. Vol. 1. Núm. 4. 2006. p. 1

Ibídem.

Demerson, Paula de. “Del sacamuelas al dentista. Saber y práctica de los odontólogos en el siglo de las luces”. Asclepio Revista de Historia de la Medicina y de la Ciencia. Centro de Estudios Históricos. Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Vol. XLI. Facs. 1. Año MCMLXXXIX. p. 4

Ídem. p. 5

Díaz y de Ovando, Clementina. Odontología y publicidad en la prensa mexicana del siglo XIX. UNAM. México. 1990. p. 11.

Archivo General de la Nación (en adelante AGN). Grupo documental: Protomedicato. Don Juan Gaeta, profesor Dentista quiere se le permita establecerse en este reino. foja 2.

Ibídem

Ídem. foja 6

Ídem

Ídem

Ídem. Foja 12

Gaceta de México. Encargo.28 diciembre 1796. p.8

Archivo Histórico de la Facultad de Medicina. UNAM. Fondo Protomedicato (Consejo). Legajo. 31 Expediente. 30 Foja. 6.

Gaceta de México. 15 abril 1797. p. 8

AGN. Grupo documental: Protomedicato. Don Juan Gaeta, profesor Dentista quiere se le permita establecerse en este reino. foja 1

Ídem. foja. 10

Ibídem

Ídem. Foja 14

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